sábado, 20 de septiembre de 2014

Médicos de antaño (y del futuro)

— Madrid 1 sep, 2014 - 10:52 am
 Tomado de Acta Sanitaria
 
El autor reivindica la figura del médico general frente a la creciente fragmentación asistencial como consecuencia de las especialidades médicas e, incluso, de los equipos de salud en los que el paciente no tiene un médico personal asignado, sino miniespecialistas.
Una película: “Guerreros de antaño” (Once were warriors)
“Guerreros de antaño” es una película neozelandesa estrenada en 1994:
“En Nueva Zelanda, una familia descendiente de guerreros mahoríes vive, al igual que muchos otras, en los suburbios de una gran ciudad, en una situación de marginalidad respecto a las personas de raza blanca. La vida familiar está presidida por los problemas de alcoholismo y delincuencia y los escasos medios económicos”.
“Relata la vida de los nativos neozelandeses de distinta consideración que recuerdan a sus antepasados de forma muy diversa. La historia se centra en una familia de los suburbios, casi marginales, en el nuevo orden de Nueva Zelanda, donde parece tener poca cabida. Se trata de una familia desestructurada, sin motivaciones ni ambiciones, impregnada por el alcohol y la violencia y a la búsqueda de una identidad. Frente al paisaje idílico de Nueva Zelanda, el verdadero entorno que acoge a los protagonistas está en los márgenes de una autopista y de la modernidad, inmerso en lo urbano y en la industria, que se ha apoderado de todo, relegando a esos nativos a los suburbios y la pobreza”.
Basta ver el primer minuto de la película para hacerse idea del contraste entre lo que fue y lo que es https://www.youtube.com/watch?v=qqC-ASto1xw
Los maoríes colonizaron Nueva Zelanda entre los años 800 y 1.300. Viajaron en canoas desde el oeste, probablemente desde la tropical Tahití, y se adaptaron al clima templado de las nuevas islas. Se organizaron por tribus que mantenían combates feroces y el canibalismo. La llegada de la civilización europea, a partir de finales del siglo XVII y sobre todo en los siglos XVIII y XIX, casi provocó el exterminio de los maoríes, por el expolio y la explotación de tierras y personas y por las luchas tribales con armas de fuego. Los sobrevivientes han pasado a ser “insignificantes”, en el sentido de marginados e ignorados. Conservan, no obstante, su música y cultura, y a veces su orgullo.
Once were warriors, “Guerreros de antaño”, es una película que conmueve y no deja indiferente. En cierta forma recuerda la casi extinción del médico de cabecera como anónimo héroe civil, la casi extinción del médico de antaño.
Albert Jovell: “De pequeño mi padre era un héroe para mí”.
En 2001 escribió Albert Jovell sobre el futuro de la profesión médica:
http://www.fbjoseplaporte.org/docs/repositori/070517121543.pdf
“De pequeño mi padre era un héroe para mí. No podía serlo de otra forma una persona a la que todo el mundo agradecía cosas, a quien se saludaba constantemente en la calle y de quien casi siempre hablaban bien”
De mi padre y de sus compañeros aprendí esa diferencia tan nítida entre el hecho de ser médico -la profesión– y el hecho de hacer de médico -la ocupación (Albert Jovell)
“Hubo una generación de médicos extraordinarios, anónimos y desconocidos, pero extraordinarios, que contribuyeron de manera decisiva a sentar las bases de los sistemas sanitarios modernos y, especialmente, del Sistema Nacional de Salud ["la Seguridad Social"]. En la redacción de este informe ha sido inevitable que me acordara muchas veces de ellos y, sobre todo, de uno de ellos: mi padre. Valorar y especular sobre lo que puede pasar en el futuro obliga muchas veces a pensar en el pasado y en el presente como puntos de partida de esas valoraciones. ¿Qué era ser médico?, ¿qué es ser médico? y ¿qué debe ser un médico? son preguntas que permiten reflexionar sobre la diferencia existente entre ser médico o hacer de médico. De mi padre y de sus compañeros aprendí esa diferencia tan nítida entre el hecho de ser médico -la profesión– y el hecho de hacer de médico -la ocupación”.
A esos médicos generales extraordinarios de los oscuros tiempos franquistas nadie los había recordado hasta que Albert Jovell reivindicó su figura junto a la de su padre. Muchos de ellos compatibilizaron legalmente su trabajo en “la Seguridad Social” con la práctica privada sustentada en “la iguala” y ofrecieron lo mejor de la Medicina General siendo verdaderos médicos de cabecera. Fue, y es, más fácil recordar los abusos y la degeneración del sistema al final del franquismo (y en los turbulentos años tras su caída) e ignorar la similitud con la situación de la Medicina de Familia en la misma España de las primeras décadas del siglo XXI.
Albert Jovell (Barcelona, 1962-2013) no fue médico general. Fue especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública, doctor en Public Health (Universidad de Harvard), doctor en Sociología (Universidad de Barcelona), con un Master of Science in Health Policy and Management y un Master of Public Health in Epidemiology (Universidad de Harvard). Fue también licenciado y doctor en Medicina y Cirugía (Universidad de Barcelona), licenciado en Sociología y Ciencias Políticas (Universidad Autónoma de Barcelona) y diplomado en Métodos y Técnicas de Análisis de Datos en Ciencias de la Salud (Universidad de Barcelona).
Si la medicina ha de responder a las necesidades de la sociedad, posiblemente el futuro de la profesión médica pasa por recuperar al médico de cabecera (A. Jovell)
En el mismo informe escribió Albert Jovell:
“Si la medicina ha de responder a las necesidades de la sociedad, posiblemente el futuro de la profesión médica pasa por recuperar al médico de cabecera. Necesitamos médicos que nos atiendan, conforten, cuiden y coordinen nuestras necesidades de asistencia sanitaria. Con ello contribuirán al desarrollo de un sistema sanitario que haga la vida del enfermo más humana y digna. En este informe quisiera acordarme y dedicarlo a los médicos de la generación de mi padre, esperando que en el futuro la profesión médica responda a esos principios de altruismo y servicio a la comunidad que ellos -”los héroes anónimos de la medicina”- predicaron con el ejemplo. Ojalá podamos sentirnos orgullosos de pertenecer a una profesión que ha hecho del servicio a los demás su primera prioridad”
De la prehistoria al futuro, el médico-médico
A veces el idioma degenera de tal forma que la expresión correcta es la repetitiva. Sucede al hablar, por ejemplo, del “café-café”, o del “verano-verano”, o del “sí o sí”. Es absurdo e innecesario, pero es la costumbre si quiere dejar uno claro a lo que se refiere. Al hablar del médico de antaño el paciente se refiere al “médico-médico”, al “médico de siempre”. Ese médico lo fue desde la prehistoria, un chamán generalista que ha acompañado al paciente en su sufrimiento hasta el siglo XXI.
En España se definió el médico general (de cabecera) a partir del siglo XIII, con el Fuero Real de Alfonso X el Sabio. Se reconoció con un título al médico cuyos conocimientos fueran avalados por sus compañeros. Era el “físico”, el antiguo chamán, transmutado en médico como “médico titular”, expresión que pervive en las áreas rurales en pleno siglo XXI. El médico titular fue abandonando poco a poco las funciones de boticario, cirujano y dentista para convertirse en el médico de cabera, el médico general que bien representó el padre de Albert Jovell.
También en la Edad Media, en España, los gremios ayudaron a crear el pago por capitación (“un tanto fijo por cada miembro del gremio, incluyendo inválidos, viudas e hijos”). Era “la iguala” que ha llegado también al siglo XXI, a veces en convivencia ilegal con la dedicación exclusiva al Sistema Nacional de Salud (“la Seguridad Social”). La iguala convenía al médico (aseguraba sus ingresos sin tener que esperar-desear que los pacientes enfermaran o se accidentaran) y al gremio (fijaba de forma estable el gasto en atención médica).
Los especialistas continuamente reducen y acotan su campo de trabajo y pueden ser vistos hoy como cíclopes que ven por un sólo ojo
La especialización médica no surgió hasta finales del siglo XIX y principios del siglo XX, cuando 1/ se produjo un saber que permitía deslindar un campo de la atención clínica (ginecología y radiología, por ejemplo), 2/ se desarrolló una sensibilidad social acerca de la importancia de dicho saber, 3/ se agruparon los habitantes y se desarrolló el capitalismo (desarrollo de las urbes y tecnológico-industrial, con una élite burguesa) y 4/ el progreso económico permitió el establecimiento de los médicos especialistas en hospitales “modernos” y en sus consultas privadas. A la progresiva especialización médica le acompañó la pérdida de prestigio del médico de antaño, del médico general. Fue “el descrédito del héroe”
http://equipocesca.org/algunas-causas-y-soluciones-de-la-perdida-de-prestigio-de-la-medicina-generalde-familia-contra-el-descredito-del-heroe/
Los especialistas continuamente reducen y acotan su campo de trabajo y pueden ser vistos hoy como cíclopes que ven por un sólo ojo. Ojo que se convierte en lupa, lupa que pasa a microscopio óptico, óptica que cambia a electrónica…de forma que tienen mucha profundidad de campo pero escasa o nula visión de conjunto. Así, la visita al especialista se convierte en ejercicio peligrosísimo, salvo que sea estricta la necesidad de su estrecha visión
http://equipocesca.org/manejo-de-la-incertidumbre-diagnostica-en-la-consulta-del-medico-generalde-familia/
Hay quienes consideran antigua y obsoleta la figura de ese médico personal conocido, del médico de cabecera. Promueven una atención primaria en que los pacientes no tienen un médico asignado, sino que hay mini-especialistas (médicos generales con “intereses especiales”, por ejemplo en diabetes, cirugía menor, depresión, etc) que prestan servicios según se requiren. Proponen centros de salud que “descomponen” al paciente y fragmentan la atención al incluír pediatras, geriatras, farmacéuticos, enfermeras mini-especialistas, nutricionistas, fisioterapeutas, psicólogos y demás. Esta visión se considera moderna, no paternalista y se “vende” bien y se publica en The Lancet
http://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736%2814%2961243-5/fulltext?rss=yes
En España, Sergio Minué se dio cuenta con rapidez del engaño y revisó las ventajas de la continuidad
http://gerentedemediado.blogspot.com.es/2014/07/continuidad-ese-paternalista-y.html
Se le sumó Salvador Casado http://www.doctorcasado.es/2014/08/por-que-hay-tanto-interes-en-diluir-la.html
Llama la atención la ausencia de reacción de las sociedades médicas y de los profesionales. El futuro que se pretende vender carece de fundamento científico, y de humanidad.
Los servicios médicos son servicios personales y lo que se precisa es contar con más y mejores médicos de cabecera, esos médicos de antaño, héroes civiles anónimos que tanto añora la sociedad.

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