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jueves, 2 de julio de 2015
sábado, 20 de diciembre de 2014
Familias funcionales y felices
Dr. Marcelo Müller Ramírez
Si
buscamos el concepto de familia nos podemos encontrar con las siguientes
definiciones: Grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas; conjunto
de ascendientes, descendientes, colaterales y afines de un linaje; Conjunto
de personas que tienen alguna condición, opinión o tendencia común, entre
otras.
La
felicidad, la encontramos definida como el estado
de ánimo que se complace en la posesión de un bien. Si bien estos reflejan los
conceptos generales, como agentes de salud y en contacto directo con la
población, podemos decir que familia es un sistema de relación y ayuda, con o
sin relación consanguínea, que se lleva a través del tiempo y a lo largo del
ciclo vital, en constante lucha por tolerarse, mediante procesos de cambio, con
el fin de buscar el equilibrio y adquirir en conjunto los aprendizajes
necesarios.
Podemos asegurar que la familia sana y feliz
es aquella que cumple sus funciones: ya sea biológica, educativa, económica,
solidaria y protectora; siendo capaz de
adaptarse, de ser proactiva, suficientemente capaz de tolerar los desacuerdos, la
que se preocupa por el bien común, gestora, con protagonismo activo, que se reconstruye
permanentemente, que puede reflexionar y aprender.
El tema de la funcionalidad es difícil de
abordar, sobre todo si hablamos de familias disfuncionales; quizás el término
correcto sería disfuncionante, ya que la familia se encuentra en un proceso de
cambio y no es un estado definitivo.
Como dice Humberto Maturana: en la
biología del amor es más fácil ser feliz que infeliz; amar que no amar. La
felicidad es no tener nada que ocultar, no tratar de defender imágenes, haber
vencido las apariencias, las máscaras, la competencia. Lo que se necesita es un
compromiso ético en función del mundo en que se quiere vivir, y tiene que ser
expresado en términos del deseo de convivencia que sirva de referencia para
corregir los errores de la vida cotidiana.
A los pacientes que vemos a diario, es
conveniente preguntarles quién es su familia, qué es para ellos la felicidad y
desde esa perspectiva poder ayudarlos a alcanzar ese estado de plenitud y
funcionalidad necesaria; debemos saber aceptar y muchas veces interpretar que,
por ejemplo, las mascotas sean parte importante para un paciente, que incluso
como se ha mencionado en otros post de este blog, falten a sus controles por
cuidar a sus animales.
En fechas importantes, como navidad o año
nuevo, muchas personas refieren que se sienten solas, que están tristes, que no
tienen un familiar con quien compartir. En respuesta a esto, debemos activar
las redes necesarias que permitan satisfacer las necesidades de atención y
convivencia de los individuos con su entorno, para que puedan interactuar más
allá de un fin instrumental o ganancial, donde prime la naturaleza afectiva de
la relación y esa “pasión por estar juntos”.
lunes, 20 de octubre de 2014
La Medicina Familiar como especialidad de la Atención Primaria de Salud (APS)
La Medicina Familiar como especialidad de
la Atención Primaria de Salud (APS)
Dr. Marcelo Müller Ramírez
Los que
trabajamos en APS, en más de alguna ocasión hemos escuchado frases como:
“Doctor, le voy a quitar tan sólo unos minutitos; necesito una interconsulta
para el especialista…”, “llevo un año esperando la interconsulta y aún no me
llaman…”, “me gustaría seguir mis controles en este Centro de Salud, pero lo
malo es que no hay especialistas”, “siempre me cambian de médico y tengo que
estar explicando mis problemas todas las veces”. Estas y otras palabras oímos a
diario de parte de nuestros pacientes; por lo tanto se hace necesario
implementar un sistema que entregue mayor resolutividad a la Atención Primaria.
Dentro de estas medidas surge la idea de formar más médicos de familia, que
puedan permanecer trabajando en los Centros de Salud Familiar (CESFAM) y así
poder dar continuidad a la atención de los pacientes y su entorno.
Es necesario
crear políticas públicas que empoderen a la APS, para dar soluciones más
concretas y poder descongestionar el nivel secundario de atención. Además, se
debe crear conciencia en los pacientes, que estos nuevos especialistas del
CESFAM, estarán más capacitados para acompañarlos en su proceso de
salud-enfermedad a lo largo de todo su ciclo vital, dejando en claro que de
igual forma existirá la referencia y contra referencia con las otras
especialidades del nivel hospitalario cuando sea necesario.
Debemos tener
una buena preparación como Médicos de Familia, tratando de rescatar lo esencial
de cada especialidad, con énfasis en la promoción y prevención de salud, poder
desarrollar trabajos de investigación, fortalecer el trabajo en red, garantizar
la continuidad de la atención, formar parte de un equipo gestor y de cabecera
para el grupo familiar. En definitiva, demostrar con evidencia que el trabajo
realizado por el especialista, entre otras cualidades, posee gran eficiencia y
por lo tanto es de gran calidad.
Finalmente al
intentar responder otra de las interrogantes de una paciente: “Doctor en
mi casa estamos todos enfermos, fui la
única que alcanzó hora con usted, mi hijo que está metido en las drogas lo verá
otro médico y mi esposo que está sin trabajo tuvo que ir al hospital…¿podremos
atendernos alguna vez todos con usted?...”. Con las actuales condiciones en la
APS es imposible asegurar la atención y seguimiento a todo el grupo familiar;
sin embargo con el modelo que se necesita implementar, con Médicos de Familia
como especialistas de la Atención Primaria, podría tranquilamente responderle:
“sí señora, conocemos a su familia, sabemos cuáles son sus dificultades,
nosotros los seguiremos atendiendo, como equipo de salud tenemos las
herramientas necesarias para intentar ayudarlos y solucionar en conjunto sus
problemas”.
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