miércoles, 25 de marzo de 2015

Consulta de “morbilidad” . ¿Una necesidad del usuario o una necesidad del sistema de salud?

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Me he preguntado hace bastante rato ya, cuán oportuna y eficaz puede ser el agendar la consulta de morbilidad aduciendo que es lo que usuario necesita y solicita.  Será que realmente es eso lo que necesita?  Y más aún, será eso lo que espera le entreguemos? Un breve encuentro entre médico y persona , que por motivos de tiempo, y complejidad convierten la inicial “consulta” en un espacio donde aparecen multiplicidad de factores de índole psicosocial que nos hacen pensar si el agendamiento en esa cantidad de minutos (10 o máximo 15) era el adecuado para ser “resolutivos” como mide el indicador de calidad.
Si nos remontamos a la descripción semántica de morbilidad, encontramos que la real academia española la define como la proporción de personas que enferman en un sitio y tiempo determinado. Entonces pregunto: quien determina el tiempo y el sitio? La familia?, el usuario? El equipo? El sistema?. Por otro lado, quien define si la persona está enferma o no está enferma antes de acceder a la atención del médico? . La lógica centrada en la persona me diría que es el mismo usuario quien define si se percibe o no enfermo y cuál será el parámetro de tiempo que considerará necesario para decidirse a consultar.  Desde esta perspectiva, la probabilidad que existe de agendar en un espacio pre-definido para sujetos enfermos  a sujetos que no poseen un evento mórbido es casi de un 100%, lo que somete a ambas partes, médico y paciente que no participan de manera conciente del proceso de selección de su agenda, “ pues  al parecer atender y atender sin sentido” es más importante para el sistema que atender las necesidades reales de las personas que solo se visualizan en el espacio de confianza de la relación médico – persona, a un estado de riesgo permanente de cometer errores involuntarios, errores de diagnóstico por la presión de cumplir con el tiempo asignado, riesgo daño por sobre-diagnosticar a través de exámenes innecesarios que solicitamos ante el temor de no volver a ver a la persona o sobre-intervenir al indicarle apoyo de profesionales con la promesa de solucionar la problemática que subyace la consulta, pero errores al fin y al cabo que trastocan el derecho del usuario de recibir la atención de mejor calidad, y el derecho del profesional de ejercer su disciplina en condiciones adecuadas .

Por todo lo mencionado, hago un llamado a repensar lo que nos sucede cuando estimamos o agendamos o programamos “consultas de morbilidad”. La OMS en su informe del año 2008 sobre salud, ya establece que las acciones de promocionales y preventivas ayudan a reducir el 70% de las carga de morbilidad, entonces que esperamos para que el médico, deje de ser un simple prescriptor de medicamentos,  y tenga participación real en el equipo de salud, y que su rol deje de reducirse a ser quien diagnostica y receta, porque les aseguro que no sana. Que esperamos como gestores de salud para dejar de sentirnos satisfechos cuando ofertamos “consultas de morbilidad” y empezamos a necesitar ofertar sesiones de seguimiento por médico en atención primaria. Creo que la consulta de morbilidad debe cambiar de nombre, pues así está  nombrada en el decreto per-cápita, y denominarse como lo que es, una atención espontánea no programable porque es solicitada por el usuario  y que por tanto requiere un acceso también espontáneo que la atención programada no le puede entregar.
De esta forma no expondríamos a la persona,  y su familia a una atención sin tiempo, sin espacio para explicitar las necesidades subyacentes al motivo de consulta, para entender lo humano, lo esencial, lo cotidiano
Ana María León Romero

Médico familiar

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