jueves, 12 de febrero de 2015

Mi derecho a morir

Tomado de Blog Medicina de Cabecera

Siguiendo un juego al que me entrego travieso con cada paciente nuevo que llega  a mi consulta, a ella la etiqueté, sin dudarlo, de profesora. Profesora de algo, no lo tenía claro, pero no de niños: instituto, universidad, le faltaba un deje de dulzura en la mirada para imaginarla rodeada de niños. Mis sospechas se incrementaron cuando me saludó educadamente y sacó del bolso el talonario de Muface.

"No suelo venir mucho", esas pocas palabras que nos provocan a los médicos de cabecera un escalofrío precognitivo en la columna cervical; aunque igual era una contractura del trapecio, vaya usted a saber. Su historia electrónica estaba en el blanco más absoluto, excepto por el dato frío de la edad. "Tomo Lexatín habitualmente y suelo bajar a que me hagan las recetas".

La incomodidad que me provoca hacer las recetas de Muface la suplí con un somero interrogatorio que empecé por la frialdad de las patologías, para aproximarme con cautela a la calidez de lo humano. Y fue así como por fin me enteré de su condición de profesora universitaria, de su soltería y de su soledad, más que consentida, buscada.

Los primeros encuentros no son para desnudeces, y aquel acercamiento me dejó el sabor de lo inconcluso y el deseo de tender lazos que llevamos en el esqueleto los médicos de cabecera. Y así, como quien echa un vaso de agua a una planta de interior, esas antigüallas del talonario blanco me dieron la oportunidad de conocerla, o más bien, de descubrirla, pues su complejidad se me hacía patente en cada entrevista, y me volvía como el ángel de san Agustín encabronado porque el mar con el que parecía rellenar su agujero en la arena, lo dejaba al momento completamente seco.

Me extrañó verla entrar aquel día, pues no hacía tanto que le había abarrotado el depósito de combustible para la digestión de su vida. Todos mis intentos por reducir sus aficiones a la dichosa benzodiacepina habían quedado en una leve reducción del consumo a un aceptable "de tarde en tarde excepto en ciertas épocas" con el que había decidido conformarme, al menos temporalmente. Pero ese día no puso el talonario encima de la mesa, sólo me miró a los ojos y me soltó el trabucazo: "tengo cáncer". 

Hacía un par de meses se había notado un bulto en el pecho, de considerable tamaño. Dadas sus prerrogativas de acceso indiscriminado, cuando vino a contármelo, ya llevaba encima mamografías, diagnóstico de anatomía patológica y recomendación de extirpación quirúrgica agresiva, llevándose por delante la mama y un buen pedazo de su femineidad. No era el momento de reproches y quizás fue culpa mía el no haber sabido conectar con sus complejidades lo suficiente como para que acudiera a mi desde el inicio, pero hay momentos para tragarse los orgullos, y aquel era uno de ellos. "Vengo a contarte que no voy a operarme, de hecho, no pienso hacer nada".

El paso de los años nos hace a los médicos de cabecera abandonar lentamente la arrogancia divina de desafiar a la muerte, nos hace digerir los iniciales fracasos en los tránsitos ineludibles entre la salud y la enfermedad que tiene el estar vivo, y nos hace, finalmente, a veces demasiado tarde, reconocer en la muerte la amiga fiel que siempre estaba con nosotros, y a la que durante años nos empeñamos en desafiar. Pero las cuadernas te tiemblan quieras o no quieras cuando un ser humano se sienta ante ti y te comunica su decisión de rendirse, o más bien, de no pelear, que no viene a ser lo mismo, aunque nos lo parezca.

No hizo intención de darme un millón de razones, simplemente, porque no se sentía con la necesidad de justificar la decisión ante nadie. Yo le pregunté si había hablado con alguien de su familia, y me contestó con un escueto "no hay nadie con quien hablar". Vi en su mirada la firmeza de su decisión, y  luché con mi orgullo de médico para no caer en la invasión facilona de su intimidad. Sólo añadí una frase más: plantéate si te queda algo por hacer.

Aquellos días volvió el sabor amargo a la boca del viejo médico de cabecera, y la cabeza a buscar sus huecos para divagar sobre los por qué. Tardó unos dos meses en reaparecer. "He decidido darme quimioterapia pero no operarme. Se que sólo aplazaré lo inevitable, pero aún me quedan algunas cosas por hacer y necesito algo de tiempo". Ya había acudido a un oncólogo, e iniciaba el tratamiento enseguida. Fueron unos meses de horrores, de caras deformadas, de terribles dolores, morfinas y Lexatines. Un par de visitas a urgencias del hospital cediendo a los miedos de cuidadoras o médicos de guardia, solo por estar demasiado débil para negarse. Y vuelta para casa nada más recuperar la firmeza en el gesto, en la palabra o a veces únicamente en la mirada.

Al final, cambiamos la consulta por el salón de su casa, donde había colocado una cama junto a la ventana, y donde se acumulaba el olor amargo de la muerte próxima, mezclado con el humo del tabaco que no abandonó nunca. Murió durante un fin de semana, sin despedirnos, sin preguntarla si finalmente había encontrado el tiempo para terminar aquello que había dejado empezado. Ya hace varios años, y aún no la he olvidado.

"El paciente o usuario tiene derecho a decidir libremente, después de recibir la información adecuada, entre las opciones clínicas disponibles.
"Todo profesional que interviene en la actividad asistencial está obligado... al respeto de las decisiones adoptadas libre y voluntariamente por el paciente" 

Estos dos artículos de la Ley de Autonomía del Paciente deben ser por sí solos capaces de silenciar nuestros egos de pequeños dioses. 

Para entender la multitud de sentimientos que despierta en los sanitarios el enfrentamiento directo con la vieja amiga, recomiendo la lectura de las múltiples referencias que Mónica LalandaMiguel Angel Mañez y Monica Moro recopilaron en El derecho a bien morir, y que nacieron del excelente texto de Mónica recogido en su blog: Cuando sea vieja, me moriré


Como siempre, los hechos están lo suficientemente desvirtuados como para garantizar la confidencialidad de mis pacientes, aunque ya no estén entre nosotros. No ocurre lo mismo con los sentimientos del médico que suscribe.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Yo quiero ser médica de familia

Tomado de Sueños de tener alas
A los que se pasan por aquí más o menos habitualmente, quizás les extrañe el título de esta entrada, tenendo en cuenta la que escribí hace poco más de un año durante mi Séneca en Málaga. Y es que esto de decidir la especialidad a la que te quieres dedicar, es probablemente la decisión más difícil.

Este año, en 6º de carrera (porque medicina son 6 años, y no 5 como piensa mucha gente) he rotado por especialidades nuevas. De las quirúrgicas solo he estado en maxilofacial y general y aunque las operaciones me siguen fascinando sobremanera, los cirujanos no me hacían a penas caso y no pude ayudar ni ver de cerca en ninguna de ellas, así que la verdad es que muy aprovechadas no fueron. También hice prácticas de anestesia, y he de decir que me gustó bastante la especialidad, aunque eso de tener que hacer tantos cálculos con los fármacos y poner tantas inyecciones y vías no me moló tanto (no se si alguna vez os he dicho, que lo único con lo que me he mareado en quirófano, ha sido con las epidurales...).

Con la sensación con la que acababa la mayoría de las rotaciones (sobre todo si me tratan bien) era con que  me gustaba la especialidad. Recuerdo cuando empecé la carrera, que había varias especialidades que descartaba rotundamente: las de laboratorio (anatomía patológica, micro...), radiología, ginecología, trauma y atención primaria.

Después, a lo largo de los años fui descubriendo especialidades que no sabía ni que existían, o que nunca me había planteado: oncología radioterápica, preventiva, medicina del deporte, inmunología, farma clínica, endocrinología, alergología... hay un montón! xD

Cuando empecé a hacer rotaciones (allá por 4º) pude conocer más de cerca muchas de estas especialidades (no todas, porque algunas ni las he estudiado y de otras nunca tuve prácticas) y me di cuenta de que prácticamente todas me gustaban. Cuando me pasaba esto por una parte me sentía confundida, ya que ¡no quería tener que elegir una sola especialidad y perderme los encantos de todas las demás! Aunque no he tenido mucha suerte con los tutores/as de prácticas, las veces en las que me han tratado bien he disfrutado muchísimo con mi bata puesta y explorando pacientes, fuera cual fuera la especialidad en concreto. Me encantó aquel día en el quirófano ambulatorio de derma, ayudando a quitar lesiones de la piel, o aquella consulta de otorrino viendo tímpanos e interpretando audiometrías. Me parecieron interesantísimos los pacientes de endocrino y las exploraciones de la neuróloga pediátrica. Me emocionó aquella terapia de grupo con pacientes depresivos y flipé en colores cuando me dejaron sondar a un paciente urológico después de una resección endoscópica de tumores vesicales.
En fin, que todas, todas las especialidades me han parecido fantásticas, y se que probablemente hiciera la que hiciera (siempre que tuviera contacto con pacientes) me acabaría encantando.

Asi que en esa tesitura he estado casi todo este último año, pensando que no quería renunciar a ponerme unos guantes y una mascarilla y aprender a operar a un paciente, pero tampoco dedicarme a un solo órgano dejando de lado los demás, ni tampoco por ser cirujana, tener poco trato real con el paciente... Os digo que cuando te gusta tanto la medicina es muy difícil elegir. Muy muy difícil.

Y entonces, a finales de este año me tocó hacer rotación durante un mes entero en un centro de salud. Tengo que confesar que fui a regañadientes ya que lo que yo quería era rotar en ambulancias, pero solo nos dejaban estar una semana y las restantes 3, nos teníamos que comer las urgencias de hospital, y esto si que no lo quería porque ya en 3º había experimentado lo florero que te puedes llegar a sentir siendo un estudiante. Asi que allá que me fui, al centro de salud, pensando que serían 4 aburridísimas semanas de catarros y patologías sin interés (recordad que esta especialidad la descartaba desde que entré en la carrera!).

No podía estar más equivocada...

Las 4 semanas de centro de salud, han sido, con diferencia las mejores semanas de mi aprendizaje como estudiante de medicina. Ni un solo día me aburrí. Ni un solo día quería irme a la hora (a pesar de que nos daban las 3 fácilmente y ya había hambre) y ni un solo día pude dejar de sonreír y de disfrutar con nuestro cupo de pacientes y la excelencia de mi tutor (tanto profesional como humanamente). Os cuento que hasta disfruté haciendo la memoria de prácticas y aprendí mucho mucho más de lo que jamás soñé que aprendería en unas prácticas.


En mi facultad no existía una asignatura de atención primaria como tal (ahora con Bolonia me parece que si) y los únicos médicos de familia que me dieron clase en la carrera fueron los de Preventiva (en Málaga) y los de los talleres de AP a los que me apunté este año voluntariamente. Y puedo decir, y sin querer quitar mérito a los fantásticos especialistas que he conocido, que los médicos de familia me han parecido los profesionales más humanos, más vocacionales y más enamorados de su profesión que he conocido.


Y la cosa no ha dejado de ir a más. En twitter, sigo a varios profesionales sanitarios que tienen blogs estupendos y que cuentan muchas de sus peripecias. Entre ellos, hay varios médic@s de familia. Y con cada cosa que publican me siento más unida a esta especialidad. Y no es que hayan dejado de gustarme las otras especialidades o que ya no me de pena despedirme de la cirugía. Pero lo que aportan los pacientes en atención primaria y lo que podría aportar yo como médica está a años luz (o al menos así lo siento) de lo que podría aportarme y aportar yo en un hospital.



En estos tiempos difíciles para tod@s también lo es para los médic@s y hay pocas especialidades que se escapen al paro. La medicina de familia ha sido siempre una de las especialidades más maltratadas tanto por la sociedad como por la administración. Y eso lo ponen de manifiesto muchos profesionales de este sector. Por esto mi familia y yo misma a veces me planteo elegir otra cosa el día que me toque ir al ministerio, ya que como digo me gustan muchísimas especialidades y si tuviera una buena nota quizás podría decantarme por una especialidad con más posibilidades profesionales de cara a un futuro posterior a la residencia.
Pero entonces me encuentro con vídeos como éste y me doy cuenta de lo enamorada que estoy de la atención primaria. Cuando lo he visto esta mañana me he emocionado muchísimo y no he podido evitar ponerme a escribir este post. Quiero ser médica de familia. Quiero serlo con todo mi corazón y con toda mi alma. Y que me quiten lo bailao.




*El vídeo lo he sacado del blog de @tamarasancho : http://www.golinons.com/artistasbcn/7-minutos.html

sábado, 7 de febrero de 2015

Ser médico de familia en el Reino Unido: Dear Doctor. Las relaciones profesionales.

Tomado de Salud Dinero y Atención Primaria

Ser médico de familia en el Reino Unido: Dear Doctor. Las relaciones profesionales.












«La cortesía es como el aire de los neumáticos:
no cuesta nada y hace más confortable el viaje».

Si un médico español recién llegado al Reino Unido se comportara con naturalidad correría el riesgo de ser percibido como grosero. Es probable que no alcanzase los niveles de politeness (educación, cortesía) que se consideran mínimos en tierras británicas.


Sin duda los estándares reinantes, como bien sabemos los que hemos estado por allí, son algo exagerados, pero es importante cumplirlos, especialmente en un ámbito de comunicación tan delicado como es el de la atención sanitaria. Y tras un tiempo de someterse a ellos, descubrimos que, en cortesía, lo cierto es que el exceso no hace mucho daño y ¡siempre es preferible al defecto!
La cortesía es palpable no sólo en el trato con el paciente, sino también con los compañeros, con los especialistas del segundo nivel, con las enfermeras y personal administrativo; en el lenguaje hablado y también en el escrito.
En este artículo me centraré sobre todo en la comunicación entre el médico de familia y los especialistas del segundo nivel, y haré un breve comentario sobre las reuniones de trabajo.

La derivación
En el Reino Unido los médicos de familia no escribimos un frío “parte” o “informe” de derivación, sino una carta, es decir, un mensaje de una persona dirigido a otra persona, generalmente cordial y completa. Una carta aceptable requiere habilidades de redacción para presentar el caso en formato “narrativo” que algunos GPs poseen de forma notable, llegando a veces hasta a exponer dotes literarias en sus cartas.
Habitualmente se deriva a un especialista del sistema blico, pero puede también derivarse a especialistas privados si el paciente lo desea. Algunos pacientes están dispuestos a pagar por ser vistos por un médico que les hayan recomendado; otros tienen seguro privado que se lo permite; es más, algunas aseguradoras exigen una derivación del médico de familia del NHS para ver a un especialista de su cuadro. No suele haber ningún problema con esto, pues el médico de familia tendrá con estos especialistas el mismo (alto) grado de comunicación que tendría con uno del sistema público. 

Podría decirse que en el Reino Unido existe una convivencia “feliz” entre el sistema público y el privado. Los pacientes que cruzan de un sistema a otro no suelen suponer ningún conflicto especial.

Aquí muestro un ejemplo sencillo de carta de derivación o referral letter, seguida de su posible equivalente en español.


[Referral letter, pinchar sobre la imagen para ampliar]


Las respuestas del segundo nivel
La primera gran diferencia en las respuestas del segundo nivel en el Reino Unido respecto a España es que estas respuestas EXISTEN. No a veces, sino siempre. El médico del segundo nivel está obligado a escribir al GP en cada contacto con el paciente. Es decir, las respuestas del segundo nivel son obligatorias: nadie puede ver a un paciente sin dar cuenta a su médico de familia.

Esta respuesta consiste habitualmente una carta, que suele ser muy cordial (algunas veces hasta extremos que a un español le provocarían la risa). En ella el especialista detalla al médico de familia su encuentro con el paciente, y le razona las exploraciones realizadas y sus conclusiones.

En su carta, el médico del segundo nivel no da “órdenes” al médico de familia, sino orientación y consejo, tratándole como un igual y, más aún, respetando su más permanente responsabilidad clínica que confiere al GP la “máxima autoridad” sobre el paciente.

No es extraño que el médico de segundo nivel llame al GP para pedirle permiso para actuar sobre un paciente, por ejemplo: el equipo de cuidados paliativos para tratar a domicilio a un paciente que acaba de ser diagnosticado de cáncer en el hospital, un especialista hospitalario para tratar a un paciente con un fármaco experimental, etc.

Respecto a la vía de comunicación, las cartas del segundo nivel llegan directamente al médico de familia sin pasar por el paciente, aunque últimamente se empieza a implantar la práctica de enviar también una copia al paciente por correo.

A continuación puedes ver un ejemplo real que muestra algo de la cordialidad de la que hablaba.

[Letter From Hospital, pinchar sobre la imagen para ampliar]


Casi todas las cartas de especialistas hospitalarios empiezan por Thank you for referring this patient. Es de las cosas que más me impactaron recién llegada a Londres: tanto agradecimiento me resultaba sorprendente. Es más, alguna que otra vez se leen comienzos como:

Thank you for sending me this delightful young man…
Gracias por enviarme a este jovencito encantador…

o

I had the pleasure to see this 83-year old patient of yours…
He tenido el placer de ver a este paciente tuyo de 83 años…

Hasta qué punto todo esto es sincero o no, es otro debate, pero lo cierto es que gusta más recibir cartas así que, sin duda, mejoran la calidad de tu jornada de trabajo.

En definitiva, se trata simplemente de tratarnos entre profesionales como profesionales que somos. Con el respeto y la admiración mutua que esto merece. Por alguna razón parece que esto lo hemos dejado de hacer en España, y no estaría mal que volviéramos a empezar. Todos nos sentiríamos mejor.

Por otro lado es interesante notar que no resulta necesario llamar siempre paciente al enfermo, o enfermo al paciente. Unalady sigue siendo una lady y una señora sigue siendo una señora delante del médico o de quien sea. No pierde sus otros atributos humanos por estar en una consulta, y me parece de gran altura profesional no solo no olvidarlo sino hacerlo notar: se es persona antes que paciente. Y si además la persona es agradable, bien merece que quede registrado, ¡por qué no!



Las reuniones de trabajo
En cuanto a las reuniones, tanto internas del equipo como con personal externo, suelen ser bastante organizadas, productivas y dialogantes. Me ha llamado siempre la atención la mayor capacidad de escucha y de diálogo de los británicos: las reuniones transcurren a un ritmo más lento y reflexivo, con pausas y silencios. Sí, silencios, algo que nosotros no podríamos tolerar, pero que son la señal de que todo el mundo ha tenido oportunidad de hablar; son, diría yo, un indicador democrático. 

Incluyo en “reuniones” lo que nosotros llamaríamos “sesiones clínicas”. En la atención primaria británica no se suelen hacer presentaciones de temas como hacemos en España; las reuniones clínicas  clinical meetings consisten en la discusión de casos, de manera algo más informal que en nuestras típicas sesiones. Uno o varios miembros del equipo comentan uno o varios casos de pacientes, bien sea para que el resto del equipo esté al tanto (ya que cualquiera podría verle en consulta) o bien para pedir consejo y/o tomar una decisión conjunta, sobre todo en casos de pacientes difíciles.

Más sistemáticas suelen ser las reuniones de equipo, sea el equipo médico, o sanitario en general, o del equipo gestor. Estas tienen una finalidad organizativa y por lo general unos días antes se distribuye un orden del día (agenda) al que todos pueden aportar. A veces se prevé cuántos minutos se dedicarán a cada tema, para asegurarse de que la cobertura de todos es factible y limitar los excesos de dispersión. Todas las reuniones tienen un moderador o chair, ya sea voluntario entre los asistentes o rotatorio, que se encarga de que se complete el orden del día. Generalmente otro voluntario o designado (por ejemplo, en las reuniones de gestión suele ser el practice manager) es quien va tomando nota de todo lo que se opina y se decide bajo cada punto del orden del día, poniendo especial énfasis en las medidas a tomar (action points), y señalando quién será el responsable de cada actuación y para qué fecha deberá hacerse. El documento resultante, que nosotros llamamos acta y ellos llaman minutes, es luego distribuido a todos los asistentes para información y/o revisión y comentarios. En la siguiente reunión, el primer punto del orden del día será siempre la revisión del acta anterior y comprobación de los resultados de las decisiones tomadas y de aquello que aún esté pendiente. Esto se hace de manera bastante sistemática y con naturalidad, cosa que no vemos habitualmente en España, quizá porque los propios términos “orden del día” y “acta” nos resultan un poco más pomposos y legalistas que los modestos agenda & minutes, cuando en realidad deberían ser herramientas cotidianas para la eficiencia de nuestro trabajo.

En cuanto a las relaciones entre los miembros del equipo, una vez más, suele predominar la cortesía. Claro que pueden surgir problemas y roces, pero la manera de abordarlos suele ser educada. Algunos conflictos típicos en España, como los producidos por la falta de claridad de las tareas de miembros no médicos, son  menos frecuentes, pues esto está más definido y en todo caso el personal suele estar dispuesto a asumir todo lo que esté en su mano, pues suele estar interesado en demostrar su valía y progresar en la escala laboral. Ayuda también el hecho de que la forma de pedir a otro que haga una tarea es tan indirecta y cordial, que es difícil negarse: en vez de “Por favor me haces esto” suelen decir “I wonder if you could do this for me” (Me pregunto si me podrías hacer esto) o, más suavizado todavía: “I wonder if you would mind doing this for me at some point if possible” (Me pregunto si te importaría hacerme esto en algún momento si es posible), o para dar ocasión, como decíamos, de demostrar valía: “I wonder if you would be able to do this” (Me pregunto si tú serías capaz de hacer esto).

En fin, las fórmulas son infinitas pero la idea es no ser demasiado imperativo ni arrogante, no imponerse. El I wonder es ubicuo y muy recomendable para este fin: demuestra humildad: yo no sé, yo no mando, yo solo me pregunto si será posible… Cuando en las reuniones se expresan opiniones, no se suele sentar cátedra, aunque estemos muy seguros, sino más bien: “I wonder if this patient is suffering from some autoimmune disease”  (Me pregunto si este paciente tendrá una enfermedad autoimmune); “I wonder if it would be worth trying steroids” (Me pregunto si merecerá la pena probar corticoides).  Cuando se discrepa de una opinión expresada, es frecuente decir “I am not sure about that” (No estoy seguro de eso), jamás nada que se parezca a nuestro “¡Que no, hombre, que no, qué va, ni hablar…!”

Me despido a la británica, pues.

Muchas gracias por leer este artículo. Ha sido un placer escribirlo. Me pregunto si os habrá resultado interesante.

Con mis mejores deseos, un cordial saludo y hasta pronto.

Isabel García Gimeno

viernes, 6 de febrero de 2015

Ponencia de Myriam Ribes en Seminario de Innovación en Atención Primaria

ERRORES CLÍNICOS Y FANTASÍAS DE ERRORES EN LA ATENCIÓN HOSPITALARIA
La visión de una pequeña especialista focal

Myriam Ribes Redondo, ginecóloga y sexóloga.
SIAP Granada, 2015
“Se humilde para admitir tus errores, inteligente para aprender de ellos y maduro para corregirlos”


ERRARE HUMANUM EST
Los médicos erramos, como todo el mundo. Lo hacemos cuando cometemos de forma involuntaria “una equivocación, por omisión o comisión, que puede contribuir a que ocurra un suceso adverso”, es decir,  un “evento o circunstancia que ha ocasionado o podría ocasionar daño innecesario a un paciente”.
Cometer errores es algo inherente a cualquier actividad, no solo humana. También los animales y las máquinas fallan: todos erraremos en algún momento de nuestra vida. El interés reciente y creciente por los errores, sus eventos adversos y la seguridad del paciente se debe a la toma de conciencia del gran coste sanitario que suponen, hecho que ha ido parejo al crecimiento de la hostilidad de un ambiente sanitario en el que la castrante medicina defensiva -ante amenazas legales y vitales- se ha instalado para quedarse. 


TERROR AL ERROR
Error, horror y terror. Tres palabras que se parecen tanto que nos producen sensaciones similares. Nos han educado a despreciar la imperfección y a castigar la falta, a marcar a los  culpables con orejas de burro, con letras escarlata o estrellas de David sin reparo ni piedad.  Adán, Eva y su mascota siseante fueron castigados, lo mismo que Lilith por innovar y los sodomitas por gozarla….todo error tiene su consecuencia y todo crimen su castigo.
Son trending topic todas las noticias que hablen de errores clínicos, mal tratados y peor comentados hasta en los medios más “serios”. La inseguridad se adueña de los pacientes y el terror de nosotros. Y nos llenamos de fantasías de error, esa malformación imaginativa que como un terror nocturno inunda nuestra tarde de asueto: la falsa creencia de haber errado y sobre todo, de las horribles consecuencias que ese error nos producirá a todos. Nadie se libra de esas fantasías, pero no me negaréis que los más cercanos a cumplirla somos los especialistas “focales” y en concreto los que focalizamos en lo mío, los number one del ranking de denuncias, penas, indemnizaciones y otras maldades. El error aterra, se oculta, hunde y claro, se repite.


¿QUÉ HE HECHO YO PARA MERECER ESTO?
Si no sabemos dónde fallamos nunca podremos mejorar. El ENEAS es un estudio epidemiológico que se diseñó para conocer la frecuencia de eventos adversos (EA) en los hospitales españoles en el 2005. La incidencia de EA resultantes fue similar a la de otros países: un 9,3% relacionados con la asistencia sanitaria, y 8,4% en la asistencia exclusivamente hospitalaria (excluyendo lo originados de Atención Primaria, Consultas Externas y otros hospitales) Uno de cada cinco EA se originó en la pre-hospitalización (Primaria, Urgencias extra o intrahospitalarias), y sus causas se relacionaron con la medicación, las infecciones nosocomiales y problemas técnicos. Casi la mitad (42,8%) de los EA era evitable.  El 54,9% de los EA hospitalarios fueron moderados o graves y la mortalidad fue de un 4,4%. Los costes de los EA hospitalarios de nuestro países se asumen a la actividad de 6 hospitales de 500 camas.
El número de EA pre-hospitalarios y los errores de medicación iluminan con luces de neón la falta de comunicación entre profesionales como uno de los puntos de mayor conflicto. En ello no solo debe influir el mal concepto que tenemos unos de otros –habríamos de ponernos de vez en cuando en los zapatos ajenos- sino la dificultad de los circuitos de comunicación: teléfonos inaccesibles, correos que no se leen, múltiples programas de historia médica y medicación sin conexión alguna entre ellos…La medicación errónea, las infecciones nosocomiales y los problemas técnicos podrían minimizarse con una mayor implicación en los protocolos de seguridad y formación.
Conseguir una reducción de errores y sus EA requiere:
-          Formación: Elaboración y  difusión de guías de práctica clínica de forma continuada.
-          Análisis: Valoración y seguimiento de la situación mediante indicadores
-          Implicación: Sensibilización de todos los profesionales, desde la Atención Primaria al Hospital y desde el celador al jefe de servicio, pero también del propio paciente y su familia.
-          Comunicación: Con todos los implicados, el paciente y su familia.
Las estrategias de política sanitaria destinadas a disminuir el problema de salud pública que son los EA, deben de contemplar todos estos puntos, además del correcto tratamiento del evento adverso cuando este ocurre.


A LO HECHO, PECHO
Por mucho que intentemos reducir los errores, y lo hemos de hacer, alguno cometeremos. Hay errores buenos, como las serendipias (hallazgos casuales positivos a consecuencia de un error) gracias a las que tenemos viagra, fuegos artificiales, penicilina y cortos de Pixar. Pero la mayoría de los errores no tienen un lado positivo y solo tras un largo y doloroso proceso nos pueden servir para algo. 

-          Identificar: Hemos de reconocer el error y también su fantasía.
-          Reconocer: Admitir un fallo, sin culpabilizar, es una lección de humildad que nos pone los pies en el suelo. Duele, pero duele más ocultarlo. 
-          Notificar: Notificarlo a los compañeros es terapéutico, docente y hermana.
-          Explicar al paciente/familiares: Es ético y es sano. Reparar el error ayuda al perdón propio y ajeno.
-          Aprender: Saber que puedes errar te centra y te hace más proclive a averiguar sus causas, corregir las evitables y perder el miedo a volvernos a equivocar.






CAMINA O REVIENTA
Aprender de los errores para minimizarlos y mejorar en nuestra práctica clínica, esta es la idea. Y la utopía. Porque llevar a cabo este proceso en nuestra sociedad es una tarea imposible sin la implicación de los profesionales, de la estructura sanitaria y legal y de la sociedad en general. 
Quizá en la Asistencia Primaria, donde la relación con el paciente y los compañeros es estrecha y larga como un matrimonio, la reconciliación puede ser más fácil. Pero en un hospital, lleno de aventuras intensas de una noche, la empatía y la fidelidad renquean. He pensado hacer una pequeña encuesta entre mis compañeros “focales” para argumentar mis sentimientos hacia los errores, si tengo éxito os la mostraré en Granada. Porque yo confieso que cuando te has visto implicado en un evento adverso grave con sus consecuencias judiciales y mediáticas, cuando has visto como renquea el apoyo institucional, el de los compañeros que te señalan y el de los pacientes que pasan de amantes a bandidos, cuando temes que las consecuencias afecten a tu sueldo, tu libertad, tu vida y el pan de tus hijos, aprendes, claro que aprendes. Aprendes con ansia qué es lo que hay que hacer para no cometer más errores pero sobre todo te blindas para que si cometes alguno no te pillen más. Eludes riesgos, eludes responsabilidades, no avanzas y acabas convirtiéndote en aquel adjunto quemado al que juraste no parecerte nunca.

Espero que incombustibles como Jesús y Sergio tengan clones en Atención Hospitalaria y el Ministerio. Desearía que una lluvia de sensatez y lógica inundara los medios, los juzgados, los ministerios y los hospitales. ¿Me podréis convencer de que será así?



Os pregunto: 

La comunicación es un punto clave en los EA. ¿Qué proponéis para mejorar la comunicación entre Primaria y Hospitalaria?

¿De qué manera podemos los profesionales influir en un cambio social, legal y sanitario que favorezca la “excelencia” pero sobre todo el seguir “siendo médicos”?


jueves, 5 de febrero de 2015

Pídame el Antígeno Prostático Específico

Tomado de Medi Blog de Familia

Es bastante frecuente que los pacientes varones, al solicitarles alguna analítica, me hagan esa petición: “Pídame el PSA”. A veces, directamente se lo han pedido en la revisión de empresa (nunca entendí por qué, pero ya hablaré en otra ocasión de las revisiones de empresa). “He oído que a partir de los 50 hay que hacérselo”. La información llega por tanto, pero incompleta.
Entonces, ¿No debo hacerme el PSA?
No, no debe hacerse el PSA. La determinación del PSA de rutina, como screening o cribado (prueba de detección rutinaria en pacientes sin síntomas) no ha demostrado disminuir la mortalidad por cáncer de próstata y sí tiene ciertas consecuencias. La utilidad de su determinación (junto con otras pruebas) reside dentro del estudio del paciente con síntomas prostáticos (orinar a menudo, orinar mucho por la noche, necesidad de hacer fuerza para empezar a orinar, chorro débil…) para ayudar a diferenciar la Hipertrofia benigna, que en mayor o menor medida nos afecta a todos los hombres a medida que cumplimos años, del cáncer. No, en hombres sin síntomas salvo con
Pues a un vecino mío, gracias a hacérselo se lo detectaron a tiempo.
A veces es difícil transmitir que, para tomar decisiones en salud no se pueden mirar datos individuales sino resultados globales en grupos de pacientes. Y los datos son claros, se hagan o no el PSA, 7 de cada 1000 varones mayores de 50 años fallecen de cáncer de próstata.
Bueno, pero yo me quedo más tranquilo y malo no es, ¿no?
Hacer pruebas innecesarias también entraña riesgos. 20 de cada mil hombres sometidos a cribado con PSA son diagnosticados y tratados innecesariamente (prostatectomía y radioterapia que pueden conducir a incontinencia urinaria e impotencia) y 180 de ellos sufren una falsa alarma de cáncer y una biopsia.
Pero una imagen vale más que mil palabras. Gracias al blog sano y salvo os reproduzco un gráfico traducido muy ilustrativo, del Harding Center for Risk Literacy donde se muestran estos datos.
Rojo: Los fallecidos en ambos grupos (8 por cáncer de próstata y 192 por otras causas)
Azul: Pacientes que sufren las consecuencias de hacerse el cribado innecesario (20 tratados innecesariamente y 180 que sufren falsa alarma de cáncer y biopsia).
Amarillo: Los que sobreviven sin daño en ambos grupos.
¿En qué grupo de los dos quieres estar?

miércoles, 4 de febrero de 2015

Ética en prevención (1). Responsabilidad individual y social por la salud

Tomado de Blog de Educación Sanitaria

"Pensemos en los montañeros que se accidentan o se pierden en la montaña, los candidatos a un trasplante de pulmón que siguen fumando, los enfermos del corazón que se niegan a abandonar una vida estresada, los obesos que no moderan la ingesta de alimentos, las personas que practican un sexo inseguro, los que no siguen las recomendaciones de sus médicos, los que sufren accidentes de motor por exceso de velocidad y/o sin haber usado el cinturón o el casco. Si todos ellos están bien informados de los riesgos que asumen voluntariamente, perderían el derecho a reclamar la misma atención sanitaria que los demás en el sistema público de salud. La sociedad no parece deberles lo mismo que al resto de los enfermos".

Este es el “escenario clínico” que nos propone el recomedable artículo publicado en la Revista Española de Salud Publica ¿Quién es el guardián de nuestra propia salud? Responsabilidad individual y social por la salud.
 


El artículo reflexiona sobre la importancia de que las personas se responsabilicen sobre sus estilos de vida que pueden causar enfermedad, si la sociedad puede pedir responsabilidad a las personas sobre sus decisiones en salud y quien tiene que acarrear con las consecuencias de estas.

Son dos los principios éticos que se analizan en profundidad en el artículo, el de la autonomía de las personas (responsabilidad individual en las conductas en salud y cuáles son sus determinantes),  y el de justicia en el manejo de los recursos necesarios para atender las consecuencias de las decisiones en estilos de vida.
Las conclusiones me parecen muy acertadas: "Resumiendo, la autorresponsabilidad tiene un papel en la política sanitaria porque contribuye a mejorar el cuidado que las personas se deben a sí mismas. Pero utilizar el argumento de la autorresponsabilidad para recortar las prestaciones públicas de salud o para priorizar a la baja a los enfermos en el acceso al sistema sanitario es falaz. En primer lugar, porque por lo general es imposible determinar el grado de responsabilidad individual por la salud. Y, en segundo lugar, porque lo que debemos a los enfermos no viene determinado por sus elecciones voluntarias, sino por el valor de la elección y el valor de la salud. El primero depende a menudo de los determinantes sociales de la salud y el segundo está ligado a la idea de salud como un bien en y por sí mismo".
 

martes, 3 de febrero de 2015

Sobrediagnóstico, un problema clínico, ético y social



En el sobrediagnóstico hay un diagnóstico inoportuno en el sentido de no ser útil, de ser innecesario y de no ayudar a mejorar la salud del paciente ni en el futuro ni en el presente. En este texto se hace una revisión del problema, con énfasis en el sobrediagnóstico por consecuencia de las actividades preventivas, pero también en otras situaciones como las que conllevan la medicalización de la vida con sus cambios en las definiciones de enfermedad. En síntesis, el sobrediagnóstico no es un error diagnóstico sino de pronóstico. El buen médico hace diagnósticos correctos y sobre todo oportunos; por ello el sobrediagnóstico es una actividad a evitar por el buen médico.

domingo, 1 de febrero de 2015

Medicina familiar en el Perú: camino a la consolidación como disciplina científica

María Sofía Cuba Fuentes, Zoila Olga de los Milagros Romero Albino, Rafael Omar Domínguez Samamés

Resumen

La medicina familiar en el Perú tuvo sus orígenes en el año 1989, fecha en que se creó el residentado médico para esta especialidad; a partir de entonces ha tenido etapas de auge y otras de retroceso, en la actualidad existen más de 250 médicos familiares egresados, se ofrecen entre 70 y 90 plazas de residentado en forma anual, no habiendo aun inserción de la medicina familiar en el pregrado de las facultades de medicina. La inserción de los médicos familiares en el sistema de salud ha sido más lenta y complicada de lo esperado, el Perú tiene un sistema mixto de salud con múltiples aseguradores y prestadores y con un 30% de la población sin cobertura; o sea no cuentan con un real cumplimiento de características de sistemas basados en atención primaria como primer contacto y acceso, longitudinalidad, integralidad y coordinación. Se espera a futuro consolidar la especialidad mejorando los escenarios de formación y desarrollando un sistema sanitario único.

 
Introducción
En 1978, el doctor Ian McWhinney, publicó en The Journal of Family Practice, “Medicina Familiar como Ciencia”1, artículo totalmente vigente en el nuevo milenio. En él encontramos la visión del académico sobre el camino a seguir para lograr la madurez de la medicina familiar como ciencia basada en tres pilares: la reflexión sobre como actuamos, el trabajo continuo en el desarrollo y evaluación de nuestras herramientas y la acumulación de conocimiento a través de la observación clínica meticulosa.
La medicina familiar en el Perú hoy enfrenta el reto de lograr consolidarse como disciplina científica. Esta revisión describe el camino hacia ese objetivo, empezando con la historia, pasando por la situación actual y terminando con las perspectivas a futuro en este país.
Metodología
La presente revisión se ha basado en artículos publicados en revistas peruanas relacionados a la evolución de la medicina familiar en el país, artículos publicados en Medline y Scielo sobre la situación de la especialidad en Latinoamérica que incluyeran datos sobre Perú; libros de texto de medicina familiar; así como artículos publicados en la página web de la Confederación Iberoamericana de Medicina Familiar (CIMF); se han recolectado datos de los socios de la Sociedad Peruana de Medicina Familiar y Comunitaria (SOPEMFYC) para el análisis de la situación actual y de las páginas web oficiales del Ministerio de Salud del Perú (MINSA) y del Seguro Social del Perú (EsSalud). Asimismo se realizó una encuesta vía correo electrónico, que se envió a 70 médicos familiares, quienes tenían un registro de correo electrónico en la base de la SOPEMFYC. Se recibió información de 28 de ellos, lo que permitió obtener datos sobre la formación académica recibida, situación laboral y perspectivas futuras para ellos mismos y para la especialidad en este país. Adicionalmente se realizaron reuniones con líderes locales para completar datos de las perspectivas a futuro de la especialidad en el Perú.
Historia de la medicina familiar en el Perú, entendiendo el pasado para crear oportunidades en el futuroDicen que todos los viajes de descubrimiento deben empezar con un entendimiento profundo de uno mismo y sus circunstancias, el reto de entender mejor a la medicina familiar como disciplina científica puede seguir el mismo principio.
En 1976, se inició la formación de especialistas en el Perú, como un sistema educativo que ofrecía a los médicos enseñanza y adiestramiento especializado en postgrado mediante programas docente – asistenciales desarrollados por las facultades de medicina en coordinación con los servicios de salud del país: debía orientarse con los objetivos de los planes nacionales y regionales de Salud2,3.
En 1978, la declaración de Alma-Ata4 y la apuesta de los países por lograr mejores estándares de salud para el siguiente milenio, propició cambios en los países latinoamericanos que intentaban orientar sus políticas de salud hacia esta perspectiva. Es así que en Perú, en mayo de 1981, se realizó el Seminario “El Médico General/Familiar”, organizado por el Convenio Hipólito Unánue, en el que participaron distintos profesores médicos latinoamericanos. El comité de coordinación se elevó a la VII Región de Ministros de Salud del Área Andina, habiéndose extendido una importante resolución: aprobar el Programa de Formación y utilización del Médico Familiar en la Sub región Andina y el apoyo del convenio2.
Casi una década después, en 1989, se inició en el Perú el residentado médico para formar especialistas en atención primaria, ofreciéndose 60 plazas de residentado, con el nombre de “Medicina General Integral” en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) y con la denominación de “Medicina Familiar” y “Medicina Integral Familiar”, en la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH) y Universidad Federico Villareal (UNFV), respectivamente. En todas estas experiencias, poco después de iniciada la especialización adquirió la denominación uniforme de Medicina General Integral.
En 1990, en el interior del país, la Universidad Nacional de Trujillo estableció la especialidad de medicina familiar2,5.
Los nuevos egresados de la especialidad enfrentaban muchos desafíos como no haber tenido una formación adecuada durante sus años de entrenamiento, realizando rotaciones hospitalarias y en centros de atención primaria durante tres años, sin exposición a los fundamentos de la disciplina académica y herramientas de la especialidad; ni contar con médicos familiares tutores y carecer las universidades de departamentos o unidades de medicina familiar.
Al egresar la mayor parte de plazas médicas para el primer nivel de atención siguieron siendo ofertadas sin una diferenciación para los médicos especialistas en medicina familiar y sin incentivos para que estos médicos realizaran su práctica en este nivel.
La incertidumbre e inestabilidad entre los especialistas en medicina general integral y medicina familiar, sumada a la falta de apoyo desde el nivel político en el Ministerio de Salud y a nivel universitario, afectó como un círculo vicioso el número de vacantes disponibles para estos programas5.
Muchos de los egresados, hasta los primeros años del nuevo milenio se posicionaron en plazas administrativas u optaron por postular a una nueva especialidad.
A fines de los años 90, la especialidad reduce el número de vacantes ofrecidas en todas las universidades y cierra varios programas previamente existentes como el de la Universidad Nacional de Trujillo. Adicionalmente, la UNMSM modifica el plan curricular de su especialidad y origina el cambio de nombre a “Medicina Integral y Gestión en Salud”, dándole un énfasis administrativo y de salud pública, y una menor o inexistente formación prestacional en atención primaria5.
En el año 2000 se realiza un primer esfuerzo por formar una sociedad científica que agrupe a las diferentes especialidades relacionadas a la formación en medicina familiar y se funda la Sociedad Peruana de Medicina General Integral y Gestión en Salud (SOPEMFIG), cuyo primer presidente fue el Dr. Miguel Suárez Bustamante, médico familiar formado en Brasil.
En el 2002, el Comité Nacional de Residentado Médico (CONAREME), aprobó los estándares mínimos de formación para el Programa de Segunda Especialización en “Medicina Familiar y Comunitaria” y en febrero del 2003 el mismo comité establece 3 denominaciones equivalentes para la especialidad: Medicina General e Integral, Medicina Familiar y Medicina Familiar y Comunitaria2.
A partir del año 2003 se han abierto nuevas plazas en diferentes lugares del país. Desde el año 2007 se ofrecen algunas vacantes de médico familiar para el primer nivel de atención en el sistema público (MINSA y ESSALUD), por lo cual algunos centros de atención primaria cuentan con médicos familiares.
En el 2011 después de un periodo de estancamiento y con la finalidad de seguir el camino hacia la consolidación de la medicina familiar en el Perú, se decidió refundar la Sociedad Peruana de Medicina Familiar, cambiando la denominación por Sociedad Peruana de Medicina Familiar y Comunitaria (SOPEMFYC) la cual cuenta ahora con alrededor de 100 asociados.
¿Cuál es la situación actual?
  • Formación en pregrado y posgrado
Una declaración del consejo de educación Médica del Reino Unido del 2003 recomendaba que la educación médica tenía que reflejar los patrones de los cuidados de salud en un sistema sanitario y que debía incluir ambientes de práctica de medicina familiar en la comunidad en el entrenamiento de los futuros médicos6.
Este tipo de entrenamiento se da en forma parcial en los médicos peruanos. Aunque la mayor parte de facultades de medicina tienen cursos relacionados a salud comunitaria, en los que los estudiantes salen de los ambientes hospitalarios, este entrenamiento no garantiza su adecuada exposición a la disciplina de la medicina familiar y al conocimiento y práctica clínica en un ambiente de atención primaria. No existiendo en el Perú departamentos de medicina familiar en ninguna universidad, los médicos egresados de las diferentes facultades de medicina tienen una escasa o casi nula exposición a los principios y práctica de la medicina familiar.
Como se ha comentado al principio del artículo, la medicina familiar clínica como especialidad ha recorrido un largo camino que se inició en el Perú en el año 1989, llegando a tener en este momento 13 universidades que ofrecen la especialidad de medicina familiar y comunitaria y habiéndose ofrecido 96 plazas de residentado para la especialidad en el año 2012 (Figura 1). Sin embargo, solo dos universidades cuentan con tutores de la especialidad para el entrenamiento de los médicos residentes. Cabe señalar, que desde el 2007  se ofrecen en promedio 70 a 90 plazas anuales para residentes médicos en medicina familiar; no ocupándose todas debido a que la mitad de estas plazas son destinadas a los profesionales que ya trabajan en el sistema público de salud, los que muchas veces no optan por postular a la especialidad. Por lo anterior, la mayoría de los nuevos especialistas deben buscar como insertarse al sistema sanitario.
Además del residentado médico, existen algunas propuestas de formación de posgrado como diplomados en salud familiar y maestrías en medicina familiar y atención primaria, que actualmente forman, con diferentes tipos de competencias, a los estudiantes que optan por estas.
  • Modelo sanitario: ¿dónde trabajan los médicos familiares?
En el 2001 se inicia la formulación de propuestas para un nuevo modelo de atención para el sistema sanitario peruano y el año 2003 empieza a regir el Modelo de Atención Integral de Salud (MAIS) creado en el Ministerio de Salud, aprobado con Resolución Ministerial N° 729-2003. En el 2011 se renueva el documento, denominándose Modelo de Atención Integral de Salud Basado en Familia y Comunidad, que incluye la formación del Equipo Básico de Salud y la orientación hacia actividades de familia y comunidad7.
Aunque la publicación de ambos documentos marcó un hito en las políticas sanitarias del país, a diferencia de otros países de la región, el Perú no ha logrado su operativización en la mayor parte de establecimientos de salud. Esto debido a múltiples factores, incluyendo la fragmentación del sistema sanitario peruano, con múltiples aseguradores y proveedores y con un porcentaje alto de la población sin cobertura sanitaria8(Figura 2) y la falta de acompañamiento de la política pública con el desarrollo de recursos humanos que sean capaces de efectivizar el modelo.
Aunque no se tienen cifras oficiales sobre el número de médicos familiares egresados de residencias médicas en el Perú, de acuerdo a los datos del Colegio Médico del Perú (CMP) y de la SOPEMFYC, existen 114 médicos familiares con registro nacional de especialistas, pero se calcula que el número de egresados supera los 250.
Según una encuesta realizada por la SOPEMFYC, la mayor parte de médicos familiares egresados antes del año 2000 trabajan en administración y gestión sanitaria. Los médicos egresados a partir del año 2001 se desempeñan mayoritariamente en centros del primer nivel de atención, aunque no tienen una diferenciación de la especialidad en el aspecto organizativo, funcional, ni remunerativo, con los médicos que no han realizado especialización. Un 20% de los médicos especialistas en medicina familiar optaron por realizar otra especialidad después de egresados9.
A diferencia de lo ocurrido en otros países como Brasil y México, en los que se formularon incentivos para la formación y práctica de la medicina familiar entre los médicos egresados de las escuelas de medicina que deseaban insertarse en el sistema sanitario10,11; en el Perú, no se han ofrecido incentivos para los médicos que desean trabajar como especialistas de medicina familiar, haciendo más difícil su ingreso al sistema sanitario público.
Cabe mencionar que en los últimos 3 años, se han incrementado las convocatorias para médicos familiares en el sistema público. Según la página web de la SOPEMFYC hasta septiembre de este año, se han realizado convocatorias para 35 plazas de médico familiar entre MINSA, ESSALUD y privados (Figura 3).
Perspectivas a futuro
La exposición a la disciplina de la medicina familiar en el pregrado, mediante rotaciones, cursos y experiencias en centros de atención primaria hace más probable la elección de esta especialidad para los médicos graduados. Kahn y Morai-Young publicaron un estudio en el que encontraron que los estudiantes formados en universidades con departamentos de medicina familiar tenían un 57% más de posibilidad de elegir una especialidad relacionada a la APS que los formados en facultades sin tales departamentos12,13, por lo que se hace necesario el desarrollo académico de la especialidad en las facultades de medicina, iniciando por la inclusión de médicos familiares en su plana docente en pre y posgrado y la formación a futuro de unidades o departamentos de medicina familiar.
Se espera que el desarrollo docente vaya de la mano con el desarrollo de investigación en medicina familiar y atención primaria, elemento necesario para la consolidación de la especialidad como disciplina científica, que lleve a la toma de mejores decisiones en el sistema sanitario peruano.
Se debe modificar el escenario de formación de los especialistas en medicina familiar, actualmente centrado en el ámbito hospitalario, por lo que una alternativa sería que además de ampliar los tiempos de formación en centros de atención primaria, se asignen tutores médicos familiares que acompañen a los residentes a lo largo de su formación14.
Se requiere un mejor sistema de evaluación que certifique la adquisición de competencias por los médicos familiares al final del proceso de formación. Garantizando la homogeneidad entre los programas formativos. Además de un sistema de recertificación periódica para los profesionales que se desempeñan en el primer nivel de atención.
La formación de nuevos especialistas a través de diversas modalidades entre las que podría estar la formación por competencias o reconversión de médicos generales en médicos familiares, este proceso debe ir de la mano de un diseño idóneo del programa educativo y del monitoreo y evaluación de la adquisición de las competencias requeridas.

Conclusiones

Es necesario preparar los ámbitos donde los médicos familiares formados puedan desplegar todas sus competencias, centros donde se cumplan los atributos que caracterizan a la atención primaria, como primer contacto, longitudinalidad, integralidad y coordinación15, además de la calidad del servicio.
El cumplimiento de estos atributos se hace difícil con un sistema fragmentado, con un 30% de la población sin cobertura de salud, con división de la oferta pública de servicios (EsSalud y MINSA) y sin una regulación de todo el sistema hacia la equidad y el acceso universal8. Por lo que se deberían hacer esfuerzos a nivel político para la creación de un sistema sanitario único para el Perú y con aseguramiento universal real que garantice la cobertura de las necesidades de salud de toda la población.
De acuerdo a la experiencia internacional, se debe incentivar de diferentes maneras (pago diferenciado, acceso a plazas con mayor estabilidad laboral y reconocimiento institucional) a los médicos que escojan la especialidad de medicina familiar y decidan laborar en el primer nivel de atención.
Finalmente, de acuerdo a la encuesta realizada por la SOPEMFYC, la expectativa a futuro que manifiestan los médicos familiares es la consolidación y el reconocimiento de la especialidad en el Perú, lo cual requerirá un esfuerzo para acercarla más a las personas, a los profesionales de salud y a los que toman las decisiones sobre el sistema sanitario.

Notas

Declaración de conflictos de intereses
Los autores han completado el formulario de declaración de conflictos de intereses del ICMJE traducido al castellano por Medwave, y declaran no haber recibido financiamiento para la realización del artículo/investigación; no tener relaciones financieras con organizaciones que podrían tener intereses en el artículo publicado, en los últimos tres años; y no tener otras relaciones o actividades que podrían influir sobre el artículo publicado. los formularios pueden ser solicitados contactando al autor responsable.