jueves, 10 de noviembre de 2016

Cuento de Dra Catalina Coral presentado en #Wonca2016

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¡Qué rabia!
A sus seis años de vida, se encontraba en un hogar sustituto esperando ser adoptado por alguna familia que en su seno no hubiera tenido la fortuna de procrear. Sin mayores problemas de salud y con un futuro prometedor, pues el papeleo estaba a punto de acabar porque su cuidadora, ya había recibido el anuncio de la cesión de la patria potestad a su favor.
Salió a jugar con uncompañerito en la casa contigua y con la inocencia a flor de piel, se acercó a acariciar a un cachorro. No pudo esquivar las fauces del can. Con sangre en su rostro y cuello, muy adolorido, fue llevado a la urgencia.
-          Es una mordedura leve, no requiere internación- mencionó el galeno. El cachorro está vacunado y lo podemos observar.
Rápidamente y con anestesia local, lavaron las heridas de cara y cuello. Administraron dipirona y diluidos y completitos los dos gramos de dicloxacilina endovenosa, por si acaso en mayor cantidad, le hacía mayor provecho.
La madre putativa recibió la receta médica. Debía administrar una tableta de acetaminofén cada 6 horas y una cápsula de dicloxacilina cada 8 horas. Siguió las recomendaciones al pie de la letra. Horas después, Luis ardía en fiebre.
La desesperación se apoderó de la familia. Con dificultad para deglutir alimentos fiebre y mucho dolor, volvieron a llevar al menor a la urgencia. Esta vez aplicaron analgesia endovenosa y tomaron un hemograma, al parecer todo estaba bien. Nuevamente le enviaron a casa, pues no había de qué preocuparse.
Una semana después y con imposibilidad para movilizar el cuello, el niño fue llevado a la clínica.
-          Doctor tiene el cuello hinchado y no ha podido tomar ni agua.
El doctor pensó que Luis estaba presentando meningitis o un absceso faríngeo. Ordenó canalizar y sangrar para tomar muestras.
La enfermera destapó el yelco y hábilmente, con la experiencia que dan los años, lo insertó en la pequeña vena de Luis. Pasaron unos segundos antes que Luis comenzara a sacudirse.
-El niño convulsiona!!!, que venga el médico, por favor!! – vociferó la enfermera.
Luis hizo paro cardio-respiratorio. En pocos minutos estuvo el equipo en proceso de reanimación, a la primera dosis de adrenalina y el primer ciclo de masaje cardíaco, reapareció el pulso, todo un éxito. Luego fue trasladado a la unidad de cuidado intensivo. Permaneció en la unidad durante  tres meses. Drenaron en múltiples ocasiones abscesos en cuello. El estudio de líquido cefalo-raquídeo afortunadamente fue negativo para rabia, según el reporte el Instituto Nacional de Salud.
Ahora con secuelas de encefalopatía hipóxica pos-reanimación, luchando por la vida con la nueva familia que le acogió, pidiendo pañales, silla de ruedas, pañitos húmedos, crema antipañalitis, gastrostomía;entre úlceras de decúbito y neumonías por microaspiración o reflujo, terapia fonoaudiológica, ocupacional y física para ver si algún día recupera lo que se perdió en un segundo.
Y en los pasillos comentan:
-          Menos mal no murió de rabia.



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