sábado, 16 de julio de 2016

"SOMOS CIEGOS QUE PUEDEN VER, PERO QUE NO MIRAN..."



Solo tenía veinte días cuando su madre, de treinta y siete años, le llevó al servicio de salud. Tenía mucha secreción en sus ojos. Había nacido en el domicilio, aunque le llevaron a aplicar las vacunas del neonato en la misma fecha.
El médico recetó un colirio de gentamicina y le envió a casa con su madre. Un mes después retornó al servicio con los ojos nuevamente infectados, pero ahora el médico encontró una mancha blanca en su pupila (leucocoria), nuevamente formuló gotas para los ojos y elaboró remisión a Oftalmología. Una semana después, el Oftalmólogo consideró que por la edad de aparición, el menor posiblemente tenía una masa tumoral en el ojo izquierdo, encontró un ojo derecho sano y consideró remitir al menor a Oftalmología Pediátrica de manera prioritaria, sin solicitar un examen adicional.
Pasaron meses y meses de citas de control por Enfermería, de vigilancia de crecimiento y desarrollo con peso y talla muy bajos, de recomendar que asistiera a aplicar vacunas a tiempo; las primeras dosis (de pentavalente y polio oral) sólo aplicadas casi a los seis meses de vida y en el diagnóstico final siempre: lesión en ojo izquierdo. La Enfermera escribió: la madre llevó al niño al Oftalmólogo pero él sólo le recetó unas gotas que de nada sirvieron y no le explicó qué enfermedad tenía su hijo.
Vive con cuatro medios hermanos, tres por parte de mamá y uno por parte de papá. Habita una casa con piso de tierra y tabla. Alimentado con leche materna y de fórmula desde el nacimiento y recibió alimentación complementaria desde sus cinco meses de vida.
De siete meses, le llevaron nuevamente a urgencias porque presentaba secreción ocular, ésta vez, además su orina “estaba fuerte”. Le hospitalizaron por 7 días con manejo antibiótico en su vena y colirios. Al egreso anotan: con lesión ocular, tiene cita pendiente por Oftalmología.
En el octavo mes de vida presentó nuevamente infección ocular que comprometía mucho sus párpados, sus padres más preocupados que nunca, le llevaron a urgencias. En la clínica, le diagnosticaron celulitis pre-septal severa de ojo derecho más leucocoria y atrofia ocular izquierda (ptisis bulbi).
En presencia de un cuadro tan grave decidieron remitirle a un nivel de mediana complejidad para valorarlo por Pediatría. Durante su estancia hospitalaria, volvió a verle el mismo Oftalmólogo que le atendió la primera vez, cuando apenas tenía dos meses de vida; éste último refirió en esta ocasión, que el lactante padecía una Enfermedad de Chagas, con signo de Romaña positivo, cerró interconsulta y dio de alta con corticoide tópico, para continuar manejo por Pediatría. Pasaron más de 10 días hasta que el Pediatra decidió remitir para estudiar la causa de la leucocoria. A éste momento, sólo le habían aplicado segunda dosis de vacuna pentavalente y polio oral, que según esquema debe aplicarse a los cuatro meses.
Llegó finalmente al nivel superior, donde el Oftalmólogo Pediatra determinó que el menor tenía atrofia ocular y ptisis bulbi bilateral, tomaron Resonancia Nuclear Magnética (RNM) que reportó posible presencia de retinoblastoma bilateral. Además le valoró Genetista que encontró soplo cardíaco grado tres, pie equino varo bilateral y sindactilia cutánea en manos.  
El menor, cumpliendo su primer año de vida, fue sometido a enucleación ocular bilateral por riesgo de metástasis a médula ósea y cerebro.
Ahora en espera de colocación de prótesis oculares y rehabilitación para personas ciegas. 

"Pienso que todos estamos ciegos, somos ciegos que pueden ver, pero que no miran"
(José Saramago)




Catalina Coral Coral
Especialista en Medicina Familiar
Universidad del Cauca

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