Por Dra.Lisdamys Morera González
Y Abril nos cogió en Costa Rica, nuevamente
rostros conocidos y otros a los cuales les pusimos voz, y lo mejor del
rencuentro son los abrazos que te debes, las historias que faltan por contar,
el ¿ cómo te va la vida? , y el ¡qué bueno que ya llegó la hora de vernos
frente a frente!
Y eso son los congresos de Medicina
Familiar, unos locos que le dan la vuelta al mundo, que se buscan, se
intensifican se ramifican y son terriblemente insoportables llenos de
alegrías.Repletos de ideas para trabajar, de preguntas para resolver, de temas
que aclarar.
Fue un encuentro “sabroso” (desde mi punto
de vista) aparte que se come muy rico en Costa Rica, parecido a mi tierra natal
(Cuba). Sazonado con la presencia de los médicos jóvenes, de nuestros mentores
de siempre, de los nuevos amigos, de toda esa energía y buena vibra que se
percibía en cada paso que dabas. Fue una semana repletay colmada de buen
trabajo, de experiencias que motivan, de ejemplos que valen la pena replicar.
Llenos de buenos pasos (hasta de baile), para la región de Iberoamérica, con
ideas fuertes, firmes y cambios.
En mi opinión personal, el congreso estuvo
de ¡Pura Vida!, fue palpable lo realizado por cada mesa de trabajo en la
Cumbre, la valla queda alta para la región nuevamente. Y es que Latinoamérica
se sigue esmerando en Cumbres/Congresos de calidad superior. Momentos
trascendentales para mí, los que más me movieron, la palabra timidez de Fabregas
hacia la conducta de los Médicos de Familia, el inglés no tan técnico con
AmandaHowe cuando nos alentaba a los jóvenes a ser el relevo de los próximos años. Los peldaños de
liderazgo de Viviana. Los mejores abrazos con Patricia Vargas y Nina Monteiro,
el encuentro por fin con José Luis. Las conversaciones con Luis, las
reflexiones y los apuntes con Sergio. Las personas que crees que has conocido
siempre, Miguel. Lo mejor de todo el equipo de trabajo excelente con María,
Karen, Olga, extraordinarias, que mejor con ellas para echar a andar un sueño
de Formación Académica. Las mochilas de todos los tiempos
(Lina y Cata). El resto de amigos y el resto de miradas.
Y llegas a casa, bajas del avión, estás
cansada. Comienzas a ver esas fotos de toda la semana, los momentos que se
detienen en el flash. Comienzas a tejer la película tal como la resaca, te
acuerdas de todo, de cada risa, de cada bachata, los buenos amigos y las
palabras raras. Recoges los apuntes y las tarjetas. ¿Dónde colocarás todo lo
que traes a casa? Son parecidos a los trofeos de guerra y los guardas.
Sacas conclusiones, reflexiones y los días
pasan. La resaca se trasforma en ganas, en ideas como esta para contar que nos pasa.
Se trasforma en trabajo, en reuniones en nuevas metas. Comienzas a extrañar, y
la vida va girando con pinceladas de esperanzas. Preparando el próximo encuentro, ensayando
samba.