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sábado, 15 de octubre de 2016

Cuando prevenir no es mejor que curar













Don Pancho se encontraba bien de salud, hasta que su mujer, a instancias de una de sus amigas, le dijo:

-Pancho, vas a cumplir 68 años, es hora de que te hagas una revisión médica- 
-¿Y para qué?, si me siento muy bien-

-Porque la prevención debe hacerse ahora, cuando todavía te sientes joven-,
contestó su esposa.

Por eso Pancho fue a consultar al médico.

El médico, con buen criterio, le mandó hacer exámenes y análisis de todo.

A los quince días el doctor le dijo que estaba bastante bien, pero que había algunos valores en los estudios que había que mejorar.

Entonces le recetó Atorvastatina Grageas para el colesterol, Losartán para el corazón y la hipertensión, Metformina para prevenir la diabetes, Polivitamínico, para aumentar las defensas. Norvastatina para la presión, Desloratadina para la alergia.

Como los medicamentos eran muchos y había que proteger el estómago, le indicó Omeprazol y Diurético para los edemas.

Pancho, fue a la farmacia y gastó una parte importante de su jubilación. 

Al tiempo, como no lograba recordar si las pastillas verdes para la alergia, las debía tomar antes ó después de las cápsulas para el estómago, y si las amarillas para el corazón, iban durante o al terminar las comidas, volvió al médico...

Este, luego de hacerle un pequeño fixture con las ingestas, lo notó un poco tenso 
y algo contracturado, por lo que le agregó  Alprazolam y Sucedal para dormir.
Don Pancho, en lugar de estar mejor, estaba cada día peor.

Tenía todos los remedios en el aparador de la cocina y casi no salía de su casa, porque no pasaba momento del día en que no tuviera que tomar una pastilla.

Tan mala suerte tuvo Pancho, que a los pocos días se resfrió y su mujet lo hizo acostar como siempre, pero esta vez, además del tilo, canela, limón con miel, llamó al médico.  

Este le dijo que no era nada, pero le recetó Tabsín día y noche y Sanigrip con  Efedrina. Como le dio taquicardia le agregó Atenolol y un antibiótico, Amoxicilina de 1 gr. cada 12 horas por 10 días. Le salieron hongos y herpes y le indicaron Fluconol con Zovirax.

Para colmo, Pancho se puso a leer los prospectos de todos los medicamentos que tomaba y así se enteró de las contraindicaciones, las advertencias, las precauciones, las reacciones adversas, los efectos colaterales y las interacciones médicas.

Lo que leía eran cosas terribles. No sólo podía morir, sino que además podía tener arritmias ventriculares,
sangrado anormal, náuseas, hipertensión, insuficiencia renal, parálisis, cólicos abdominales, alteraciones mentales y otro montón de cosas espantosas.

Asustadísimo, llamó al médico, quien al verlo le dijo que no tenía que hacer caso de esas cosas porque los laboratorios las ponían por poner.

-Tranquilo, Don Pancho, -no se excite- le dijo el médico, mientras le hacía una nueva receta con Rivotril con un antidepresivo, Sertralina de 100 mg. Y como le dolían las articulaciones le dieron  Diclofenaco.

En ese tiempo, cada vez que Pancho cobraba la jubilación, iba a la farmacia.

Tan mal se había puesto que un día, haciéndole caso a los prospecto de los remedios, se murió.

Al entierro fueron todos, pero el que más lloraba era el farmacéutico.

Aún hoy, su esposa afirma que menos mal que lo mandó al médico a tiempo, porque si no, seguro que se hubiese muerto antes.

Este mensaje está dedicado a todas mis amistades, ya sean médicos o pacientes.. 

Ah, si no hubiera tomado nada y hubiese seguido con su régimen naturista con: conejo, pollo sin piel, pavo, lechugas,  aceite de oliva, frutas, verduras de todos colores, nada de sal y nada de azúcar, con una copita de vino tinto y caminando 6 mil pasos diarios estaría vivito.

*CIRCULA ESTO A TODOS LOS QUE CONOZCAS PARA QUE NO LES PASE COMO A DON PANCHO.*

lunes, 26 de octubre de 2015

Contra medicalización excesiva, más atención primaria



Tomado de Avances en Gestión Clínica

Atul Gawande, cirujano y autor de los libros "The Checklist Manifesto" y "Being Mortal" entre otros, ha publicado un artículo en The New Yorker, "Overkill", que habla de las prácticas clínicas desproporcionadas, especialmente las de su país, EEUU. Se trata de un escrito largo y bien documentado, que me gusta comentar en este post por dos aspectos que creo relevantes dado que pueden ayudar a combatir la epidemia de sobrediagnóstico y sobreactuación médica. La primera cuestión que plantea el Dr. Gawande es una consideración organizativa sobre distracción de recursos, y la segundo es una propuesta para no equivocarse a la hora de priorizar presupuestos.


La actividad preventiva y el trabajo clínico cotidiano


La casuística que se ve hoy en los consultorios ha cambiado drásticamente con el impacto de los programas de prevención secundaria y la medicalización de los factores de riesgo. Ahora las agendas de los médicos, y especialmente las de los médicos de familia, se llenan de personas sanas que tienen miedo de enfermar, actividad que no sólo consume tiempo médico sino pruebas diagnósticas, medicamentos y derivaciones a especialistas (si les interesa este tema no se pierdan el libro "The patient paradox" de la médico de familia escocesa Margaret McCartney). Consideraciones de costes aparte, los recursos sanitarios están demasiado ocupados en la atención a personas sanas y demasiado poco en el abordaje de la complejidad clínica de algunos pacientes que lo que necesitan de verdad es trabajo multidisciplinar e integración de servicios.

Una propuesta acertada: más recursos a la atención primaria

El remedio contra la práctica clínica de poco valor es la potenciación de la atención primaria, afirma el Dr. Gawande en su artículo. Alguien pensará, esto ya hace tiempo que lo digo, pero no menosprecien el hecho de que ahora es un cirujano quien lo propone desde las páginas del New Yorker. Y esto es importante, porque la idea de: "más primaria, menos especializada", como fórmula para afrontar los retos de la cronicidad compleja y la fragilidad geriátrica, por cierto muy sustentada por la evidencia (ver "Tracking Medicine" de John Wennberg y "Overtreated" de Shannon Brownlee), sólo se mueve en ámbitos muy restringidos de atención primaria, y en determinados foros es vista como una reivindicación corporativa de los de primaria. Pienso que si hiciéramos una encuesta sobre dónde conviene poner más recursos (personalmente no he visto todavía ninguna), estoy convencido de que la población estaría un poco confundida, porque al margen de que les guste disponer de una primaria cercana, la mayoría de personas no quieren renunciar a tener accesibilidad a la medicina tecnológica, por otro lado tan deslumbrante.

En resumen, dos reflexiones muy oportunas de los doctores Gawande y McCartney: a) la medicalización exagerada de la prevención distrae recursos y esfuerzos profesionales hacia prácticas de poco valor, mientras que los sistemas sanitarios tienen dificultades para atender adecuadamente los casos más complejos, sobre todo los que requieren servicios comunitarios integrados, y b) hay que mantener a los pacientes crónicos complejos tan lejos de los especialistas como sea posible, y eso significa más atención primaria y más trabajo en equipo multidisciplinar.

Jordi Varela